miércoles, 14 de noviembre de 2007

Los filósofos

LOS FILÓSOFOS (www.monografias.com)

En la iniciación del Libro VI se hace referencia a la diferencia que existe entre filósofos y no filósofos:
Puesto que son filósofos los hombres capaces de percibir lo que siempre mantiene su identidad consigo mismo, y no lo son los que se detienen en multitud de cosas diferentes.
Puesto que el filósofo es conocedor de las Ideas (lo que no cambia, lo permanente, y lo inmutable), posee la virtud de la sabiduría. Es conocedor, por tanto, de la Belleza en sí, la Justicia en sí, el Bien en sí y actuará bien, será virtuoso y será también el más capacitado de preservar las leyes y costumbres: el guardián perfecto del Estado.
Sin embargo, el hombre normal no tiene conocimiento, sólo posee lo que los sentidos le presentan del mundo, y esto es opinión. Y Platón los compara con los ciegos:
¿Crees tú que se diferencian en algo de los ciegos los hombres privados del conocimiento del ser en sí y que no llevan en su alma ningún modelo claro?. No, la diferencia no es grande.
Para responder a la cuestión sobre el modo en el que el filósofo alcanza el conocimiento Platón plantea la necesidad de analizar la Naturaleza del filósofo.
La naturaleza del filósofo versa sobre estas sentencias: es amante de la realidad entera, del estudio de lo eterno; quiere la verdad y siente placer en su búsqueda, siendo el amante de la verdad más feliz que el ambicioso y rico; se siente muy atado a la vida y no le preocupa la muerte; buena memoria y facultad para el estudio que posea una disposición natural para aprender la esencia de cada ser.
Si un alma posee todas estas aptitudes debe ser sometida a una buena educación, para el perfeccionamiento de las mismas y para que consiga alcanzar la Idea de Bien. Platón asegura que la educación de los filósofos es esencial porque de ella depende el futuro del Estado que él gobierne.
Adimanto reprocha a Sócrates, en la siguiente parte del texto, la confusión a que somete a los que le escuchan, y que se encuentran al final de una discusión, contradiciendo lo que afirmaban al principio. De hecho, en el Menón, Sócrates es comparado con un pez torpedo: este pez a quienquiera que se le acerca y le toca lo hace entorpecerse.
Sócrates responde: "No es que, no teniendo yo problemas, problematice a los demás, sino que estando yo totalmente problematizado, también hago que lo estén los demás".
La habilidad retórica de Sócrates, en su descripción del filósofo, parece ser rebatida por los hechos, y los hechos, no obstante, muestran a los filósofos como perversos, unos, y como inútiles para el Estado, otros. Sócrates intenta explicar a Adimanto que los filósofos son tratados o considerados bajo dichos sinónimos por el pueblo mediante la parábola del barco. La figura del patrón del barco la equipara al filósofo y los marineros con la muchedumbre, y entonces Platón dice:
No consideran como propio del buen piloto el que tenga que preocuparse del tiempo, de las estaciones, del cielo, de los astros y de todas las cosas que tengan que ver con la navegación, bien que realmente le corresponda el mando de la nave.
Reprochan al patrón ser un inútil porque conoce esa sapiencia y no se limita simplemente a llevar el timón. Los filósofos son considerados por el pueblo como "charlantes de las cosas que están en lo alto", como inútiles. Ésta impopularidad que poseen los filósofos les viene atribuida por los políticos actuales.
No te equivocarás si comparas a los políticos que ahora disfrutan del poder con los marineros de que hablábamos hace un momento, y a los llamados por estos inútiles y charlantes con los verdaderos pilotos.
Pasa, ahora, Sócrates a explicar a Adimanto que la perversión que también se achaca a los filósofos tampoco se debe a la filosofía.
Existen varias razones que corrompen la naturaleza de un alma noble y la hacen alejarse de la filosofía. La más notable es una mala educación. Una educación adecuada es el mejor instrumento para la realización de la Justicia, tanto individual como social. Y una mala educación es una de las causas de la perversión de los filósofos porque todas las buenas cualidades de la naturaleza humana así como los bienes se corrompen y transforman en males. Y cuanto mejor es la naturaleza corrompida peor es la corrupción y todas sus cualidades las pone al servicio de la injusticia.
Con esto Platón apostilla que no era partidario del modelo ateniense de educación, la cual recaía sobre la familia y particulares y estaba más de acuerdo con el modelo espartano donde la educación relegaba en el Estado.
Platón, en boca de Sócrates, critica el hecho de que la educación esté en manos, no ya de sofistas, sino de la multitud. Los sofistas según expresa Platón son cómplices del pueblo en la deformación de las almas selectas. Tanta es la fuerza y la presión que tiene el pueblo y los sofistas que, todo aquel que disiente, termina represaliado.
Sócrates cree que los sofistas son los grandes difusores y defensores de las opiniones de la multitud y que el pueblo se equivoca al estimarlos como enemigos. Los sofistas conciben la sabiduría como el estudio de las pasiones y de los gustos del pueblo.
Puesto que el pueblo desconoce lo que es la verdadera sabiduría, es lógico que critique y tache de perversos a los que sí la conocen, es decir, a los filósofos.
Aparte de la mala educación existen otras razones: deseo de poder, presión de los amigos y parientes y que colaboran igualmente a ese alejamiento.
Una vez llegue a la edad madura, espero que sus parientes y conciudadanos querrán servirse de él en su propio interés. Por tanto, se postraran ante él para abrumarle con súplicas y con honores y le prodigaran de antemano su adulación con vistas a su poder futuro.
Esto irá afianzando la creencia en sí mismo de que será capaz de desarrollar bien su papel político y desoirá a aquel que le diga que para ser buen gobernante es necesario aprender. Pero si este decidiera prepararse para ser un buen gobernante se vería ciertamente presionado por esos amigos que intentarían persuadirle de tal decisión. Platón prosigue diciendo:
Y estos mismos hombres, apartados así de la filosofía, a pesar de ser los más aptos para ella, dejan a aquélla en la más completa soledad y abandono y se entregan a una vida que ni les conviene ni es verdadera. Entre tanto otros hombres indignos aprovechan la orfandad de la filosofía para lanzarse sobre ella, deshonrarla y cubrirla de improperios [...].
Si a la filosofía, por tanto, llegan hombres que vienen de otros oficios y otros que carecen de educación es normal que haya quedado reducida a sofisma [1].
Sócrates se lamenta que haya tan pocos hombres dignos de llamarse filósofos y que puedan dedicarse a la política. Pero aquellos que se acercaron a la política quedaron tan defraudados al comprobar que su actividad no contribuía al bien social que prefirieron dedicarse a sus asuntos privados y vivir con la tranquilidad que les proporcionaba saber que no habían cometido injusticias.
Por otro lado, ningún gobierno ha tratado a la filosofía del modo correcto y es la causa del deterioro que sufre, y sólo podrá levantar cabeza de nuevo en el Estado ideal.
Sócrates, entonces propone un cambio radical en la práctica de la filosofía. La dedicación a la filosofía por parte de los jóvenes dura menos que el "sol de Heráclito" [2], además se les enseña la parte más difícil, la dialéctica. Como solución a este problema Platón propone que los niños y los adolescentes se dediquen al cultivo del cuerpo (gimnasia) y a recibir una educación acorde a su edad; ya en la madurez se ocupen de los asuntos militares y políticos; y cuando sean mayores cultivarán la filosofía, tras dejar atrás todo tipo de actividad mundana y gozarán por ello de la contemplación de las ideas.
Sólo el hombre que conoce la verdad y actúa virtuosamente debe ser el guardián del Estado, porque sólo él conseguirá hacer al hombre y al estado perfectos, es decir, justos.
Es difícil persuadir al pueblo de la necesidad de un gobernante así porque nunca ha existido. "Sin embargo, no me parece extraño que la mayoría no de crédito a lo que afirmo. Al fin y al cabo nunca han visto realizado lo que ahora hemos dicho."
Sócrates propone dos posibilidades para elegir a ese filósofo gobernante que inaugure ese Estado perfecto. Estas dos posibilidades son las siguientes:
Esta minoría de filósofos, ahora considerados no como malos, sino como inútiles, a que se ocupen, quieran o no, de los asunto de la ciudad, y a que esta se muestre sumisa a ellos; o al menos, hasta que por alguna inspiración divina se apodere de los hijos de los que ahora gobiernan o de los mismos monarcas un verdadero amor hacia la verdadera filosofía
Es decir, que los filósofos razonables y discretos denominados por el pueblo inútiles sean obligados a hacerse cargo del Estado y que los gobernantes actuales o sus hijos se conviertan en filósofos.
Sócrates en el siguiente texto intenta hacer ver que es posible que el pueblo cambie de opinión si se le expone claramente las cualidades de los filósofos y sus funciones. El filósofo diseñará el Estado empezando desde cero, diseñará un nuevo gobierno que sea lo más parecido posible a aquellas realidades éticas cuyo conocimiento solo él tiene. Y a los hombres de acuerdo a las ideas de Belleza, Justicia y Templanza posibles.
Los filósofos, futuros gobernantes deben superar una especie de pruebas, esto es, serán sometidos a grandes trabajos y sufrimientos; a placeres y dolores y siempre deberán hacer lo que más convenga al Estado; tendrán que ser personas muy completas. Pocos serán los gobernantes porque las cualidades que deben poseer raramente se dan juntas en una sola persona. Solo aquel pequeño grupo de personas en las que predomine su alma racional, será llamado a la sabiduría y será gobernante.
Al que saliera de ellas puro como el oro pasado por el fuego, a ese habría que imponerle como gobernante y concederle honores y distinciones de por vida y después de su muerte.
El gobernante será aquel que tenga la capacidad para acercarse al estudio supremo. Y este no es otro que el Conocimiento del Bien:
Muchas veces habré repetido que la idea de Bien es el conocimiento más importante, pues es esa idea la que proporciona utilidad y positiva ventaja tanto a la justicia como a las demás virtudes.
El texto nos encierra ahora en la discusión acerca del Bien. Hay distintas concepciones acerca del Bien. Para uno, el Bien es el placer; para otros el Bien es el conocimiento. Platón lo intentará definir mediante el famoso paralelismo entre el Sol y la idea de Bien. El sentido de la vista que es el más perfecto porque así fue dotado por el artesano (Demiurgo [3]) necesita tres cosas para poder ver: la vista en los ojos, los colores en los objetos y la luz. Pues bien, la luz se debe al Sol, el Sol es la causa de la luz en el mundo físico: "A mi entender, es de todos los órganos de nuestros sentidos el que más se parece al Sol".
"El bien y el sol son dos reyes, señor del mundo inteligible y el otro del mundo visible." El Sol es en el mundo visible respecto a la vista, lo que el Bien es en el mundo inteligible respecto a la inteligencia. El Sol no es sólo la causa de la visión, sino que, además, su luz hace posible la existencia (génesis, crecimiento, alimentación) en el mundo físico. El Bien es la causa de la verdad, del conocimiento y de la existencia real de lo inteligible, por tanto, también es la causa de la existencia del mundo físico, puesto que este deriva de aquel. Platón pasa a explicar entonces su Teoría de las Ideas por medio de la metáfora de la línea:
Toma ahora una línea cortada en dos partes desiguales y vuelve a cortar cada una de éstas en otras dos partes, también desiguales, que representen la especie visible y la inteligible.
El Mundo sensible le corresponde un conocimiento de lo que se genera y se corrompe, es propio de los hombres que carecen de educación, de instrucción; proporciona opinión, doxa, y posee dos niveles:
La imaginación, eikasía, es el conocimiento que el hombre obtiene mediante conjeturas. A este mundo corresponden las imágenes y las sombras que proyectan los objetos físicos en el agua, en los espejos. En este tipo de conocimiento reina la imprecisión, confusión; dentro de la "alegoría de la caverna" corresponde al conocimiento que los prisioneros encadenados tienen de las sombras que el fuego y los objetos que pasan por la entrada, proyectan sobre el fondo de la cueva.
La creencia, pistis, es el conocimiento del mundo sensible propiamente dicho, y es un conocimiento de realidades que están en continuo cambio, da origen a enunciados que carecen de estabilidad y, por lo mismo, de verdad. Este mundo está constituido por todos aquellos fenómenos del mundo físico que captamos por medio de los sentidos: animales, plantas y objetos artificiales creados por el hombre. Este tipo de conocimiento corresponde al de los prisioneros liberados de las cadenas que al salir de la cueva, como les hace daño la luz, tiene que conocer los objetos a través de sus sombras y de sus reflejos en las aguas.
El Mundo inteligible representa el conocimiento intelectual, o conocimiento del mundo de las Ideas, esto es, la Belleza en sí, la Justicia en sí, etc., y en la cima de todas las Ideas, está el Bien en sí. Es propio de las personas instruidas, de los filósofos, proporciona ciencia, episteme, y tiene también dos niveles:
El pensamiento, diánoia, o conocimiento que se obtiene cuando se razona y se va de las hipótesis a las conclusiones que de ellas se deducen. En este mundo se encuentran las formas de los números y las formas geométricas. Corresponde, en la "alegoría de la caverna", al conocimiento que los liberados de la cueva tienen de los objetos mismos, y, por la noche, de la luz de los astros y de la luna.Sin embargo, la Matemática no es la ciencia más perfecta, por dos razones:
En primer lugar, porque necesita utilizar ejemplos o imágenes sensibles para sus demostraciones. Cuando el geómetra hace sus demostraciones, se tiene que conformar con una representación material y, por tanto, inexacta de las distintas figuras geométricas. Sabe que su cuadrado o su círculo no son más que copias o imágenes del Cuadrado en sí, del Círculo en sí.
En segundo lugar, las demostraciones de las Matemáticas se realizan a partir de hipótesis, de supuestos, pero no se pregunta por su validez, ésta se presupone.
El otro nivel de la ciencia es el conocimiento, nóesis.
Hay una ciencia que, por ser conocimiento intuitivo de las ideas, es superior a la matemática y no es otra que la Dialéctica. Gracias a ella nuestra razón es capaz de utilizar las hipótesis de las ciencias inferiores como "trampolines" hasta alcanzar el principio de todo, la verdad suprema. Este principio que es capaz de explicar todo, no puede ser hipotético. Se trata del principio primero de la naturaleza y de la existencia. Es la Idea de Bien.
La Dialéctica, además de ciencia, es un proceso que abarca dos momentos: la anábasis o ascensión del alma desde el mundo sensible hasta el inteligible y la catábasis o descenso desde lo inteligible. Una vez captado ese primer principio, esa idea de Bien, el alma comienza un descenso a lo largo de todo el camino del pensamiento. En este descenso, las ciencias inferiores serán ya auténtico conocimiento porque ya no estarán, para el conocedor del Bien, basadas en hipótesis. Corresponde a la visión que los liberados de la caverna tienen directamente del Sol cuando ya se han acostumbrado a la luz.
El mito de la caverna describe a personas encadenadas en la parte más profunda de una caverna. Atados de cara a la pared, su visión está limitada y por lo tanto no pueden distinguir a nadie. Lo único que se ve es la pared de la caverna sobre la que se reflejan modelos o estatuas de animales y objetos que pasan delante de una gran hoguera resplandeciente. Uno de los individuos huye y sale a la luz del día. Con la ayuda del sol, esta persona ve por primera vez el mundo real y regresa a la caverna diciendo que las únicas cosas que han visto hasta ese momento son sombras y apariencias y que el mundo real les espera en el exterior si quieren liberarse de sus ataduras. El mundo de sombras de la caverna simboliza para Platón el mundo físico de las apariencias. La escapada al mundo soleado fuera de la caverna simboliza la transición hacia el mundo real, el universo de la existencia plena y perfecta, que es el objeto propio del conocimiento.
La República, la mayor obra política de Platón, trata de la cuestión de la justicia y por lo tanto de las preguntas como: ¿Qué es un Estado justo? o ¿Quién es un individuo justo?. El tema clave, por tanto, es la naturaleza de la justicia y la injusticia y sus consecuencias para el hombre justo y el injusto, y el establecimiento de un Estado Ideal que tendrá por finalidad la felicidad de todos los ciudadanos, pero sólo será posible si tal estado se asienta sobre la base de la justicia individual como social. Aristóteles también buscaba la felicidad del individuo y éste la podía conseguir en la polis.
El proyecto político descrito en La República Platón lo intentó llevar a la práctica. Algunos proyectos fueron realizables: en Esparta se practicó su concepción sobre la educación; Pitágoras intentó establecer un gobierno de filósofos.
El idealismo de Platón respecto a su concepción de la sociedad y de Estado, limita en algunas ocasiones con una “utopía totalitaria”, que niega las libertades del individuo. Para Platón, la única forma de gobierno válida es aquella en la que el liderazgo político es asumido por los filósofos- reyes y la podríamos calificar, no sin cierta ironía, como dictadura de la inteligencia. Si bien, Aristóteles decía que la felicidad absoluta podría conseguirse mediante la actividad intelectual o contemplativa, irrealizable debido a las necesidades del hombre.
La idea de conocimiento de Platón, su teoría ética, su concepto de Estado y su perspectiva del arte deben de ser entendidos desde la teoría de las formas o de las Ideas. Por eso, es necesario ascender hasta el conocimiento de las ideas, proceso que Platón denominó Dialéctica. Platón defenderá que cada cosa es una imitación de un modelo ideal que sólo la razón puede concebir. La doctrina pragmática del siglo XIX estará contra este mundo ideal, las cosas tienen que ser demostradas y no alejarnos del mundo real.
Para Platón lo que es real tiene que ser permanente e inmutable; identificó lo real con la esfera ideal de la existencia en oposición al mundo físico del devenir. Esta consecuencia chocó con la corriente inglesa del siglo XVII, llamada Empirismo. Esta doctrina afirma que todo conocimiento se deriva de la experiencia sensible y de los sentidos. Platón decía que el que se contenta con el conocimiento de los sentidos o se mueve por su interés particular, no es capaz de percatarse de que las ideas existen. Además, los fenómenos de la experiencia son fenómenos cambiantes del mundo físico y nos pueden engañar.
NOTAS: [1] Razonamiento con el que se hace ver como verdadero algo que es falso. [2] Heráclito consideraba que al estar todas las cosas en continuo cambio, el sol de cada mañana era diferente.
[3] Aparece aquí la concepción de un mundo artesano.